En una mañana constante la tierra tal vez no ha terminado su giro. El sol quizás no ha salido.
La aurora impone su majestuosidad avisando que es un nuevo día. Hay silencio, pero no total.
Apenas el necesario para organizar la mente y planear la...

En una mañana constante la tierra tal vez no ha terminado su giro. El sol quizás no ha salido.

La aurora impone su majestuosidad avisando que es un nuevo día. Hay silencio, pero no total.

Apenas el necesario para organizar la mente y planear la jornada.

El cuerpo se mueve quizás por inercia, pero está activo y dispuesto a emprender el camino.

En el camino hay obstáculos.
Hay pensamientos conclusos e inconclusos.
Ideas materializadas y sueños en construcción.
Sentimientos a flor de piel y emociones encontradas.

Hay ternura y esperanza.
Levedad e insignificancia.
Templanza y disposición.

En una mañana constante el amor se concreta. Es tangible y apacible.

En el corredor se escucha el murmullo del viento. Ese que regresa cada vez que la mente viaja a lugares desconocidos.

Huele a hoy pero también a mañana.

Se oyen cantos de otrora; música para los oídos. El alma baila. El espíritu guia. El cuerpo responde. El universo está presente.

En una mañana constante, la vida se despliega en mil colores.
El ego quiere acapararlos todos.
El alma elige su favorito.

En una mañana constante, antes de que el mundo haga ruido, yo he ido y he venido.

Manolo se ha leido cinco capítulos de su libro favorito y es factible que se haya olvidado de llevar su lonchera.

En una mañana. Constante. Porque en una mañana sucede una vida.

Porque sale del alma, conquista tu piel y serena tu mente, logra apaciguar la mas terrible tormenta.
Porque sus ondas traspasan el efecto carnal, conspiran con lo celestial y transmiten en el plano terrenal.
Porque sabe a felicidad, pero tambien a...

Porque sale del alma, conquista tu piel y serena tu mente, logra apaciguar la mas terrible tormenta.

Porque sus ondas traspasan el efecto carnal, conspiran con lo celestial y transmiten en el plano terrenal.

Porque sabe a felicidad, pero tambien a tristeza y su sinsabor se digiere muchas veces sin pensar.

Porque no oculta su esencia, muchos menos su divinidad; despierta tus sentidos y alerta tu ser.

Porque es capaz de contar tu historia, cantar la cancion que baila tu alma y saborear los besos que salen de tu boca.

Porque te destruye y te construye. Edifica tu naturaleza y alimenta tu espiritu.

Porque es uno aun repartido en dos; a distancia, en el abrazo y en la ausencia.

Porque evapora tus dudas, libera tu bondad y define tu realidad.

Porque existe. No es un recuerdo. No es una ilusion. Habla en voz alta y esta mas vivo que tu.

Porque es amor. Y punto.

#LaVidaenRosa

📸: @heatherkrakora

Yo crei

Cuando creí haber llegado, regrese al punto de partida.

Cuando creí conocer todas las respuestas, me cambiaron todas las preguntas.

Cuando creí vislumbrar una eternidad, me descubrí como otro simple mortal.

Cuando creí poder descansar, emprendí una nueva labor.

Cuando creí confirmar  la grandeza del firmamento entendí las contradicciones de una vida terrenal.

Cuando creí que obedecer correspondía a encajar confirme entonces la flexibilidad de mi ser.

Cuando creí que el ruido  amenizaba la cadencia de mi andar, comprendí la elocuencia del silencio que acompaña mi pensar.

El mundo va

El mundo va. Y viene. Y se vuelve a ir.

Aunque el cielo esté  nublado. Aunque el océano ruja sin cesar.

Aunque el viento sople en cualquier dirección. Aunque el tráfico consuma  tu paciencia y disminuya tu coraje.

El sol no sale. Es la Tierra la que gira.  

Tu cabeza no piensa. Es tu mente la que razona.

El cuerpo no levita.  Es tu ser que gravita.

El mundo no se detiene. El mundo va.

La entelequia de una vida ‘perfecta’ se minimiza ante el costumbrismo atafagado del mundo moderno.

Y se minimiza con él también un torbellino de sentimientos que se jacta de estar presente en nuestro existir mas no en nuestra conciencia.

Y entonces el mundo viene.

De nada te sirven tus sentimientos si no eres capaz de sentirlos.

Puedes pensar que una simple reacción vital no logra despertarte aunque tus ojos permanezcan abiertos.

Es cierto. Esa es tu triste realidad.

No estas despierto. No estás en este mundo. No estás presente.

Y el mundo entonces se vuelve a ir.

Para muchos será normal. Para unos será demasiado tarde. Para muy pocos será un nuevo despertar.

El presente es un regalo. Tú presencia también y ésta incluye tu conciencia.

No procede de la nada. Sucede cuando tu razón ha sobrepasado niveles terrenales.

¿Cuándo es que vas a estar presente?

Estoy aqui

Nunca te he dicho que estoy aquí. A tiempo y a destiempo. En cada momento, en cada lugar.

Cuando la desolación ataca tu mente y tu imaginación vuela por el transcurrir de un diario vivir. Estoy aquí.

Estoy aquí con ansia y serenidad. En cada anochecer y cada nuevo despertar.

Cuando tu inocencia plausible agita mis emociones y cuando la grandeza de tu ser supera la insignificancia de la existencia.

Nunca te he dicho que cada una de tus palabras acrecienta de manera sustancial mi percepción del mundo exterior y vigoriza aún más mi universo interior.

Por estoy aquí. Categórica y decididamente. Sin tristezas, sin rencores. En la plenitud de la alegría y en la eternidad del llanto.

Con ánimo y sin desdén. En el susurro de tu lamento, en el trayecto de tu sonrisa. Estoy aquí.

Nunca te he dicho que mi subconsciente fantasea con la elongación de tu conciencia.

Que tu presencia excede mi capacidad de existencia y anula sin esfuerzo la melancolía de un día normal.

Estoy aquí. Cuando el viento sopla. Cuando el agua fluye sin destino alguno.

Cuando el trasegar se vuelve inoportuno. Cuando tu mirada alcanza el más allá y la perspicacia de tu raciocinio estaciona tus pies en la inmediatez de tu pensamiento.

Nunca te he dicho que siempre estaré aquí. Cuando la lluvia caiga sin cesar, cuando el sol se ponga sin decir nada más.

Estoy aquí. Simple. Llana y concretamente. Porque tu luz ilumina cada rincón y tu amor sobrepasa mis sentidos.

Sorpresas

Sorprende ese silencio que te deja entrar al corazón. Que sin ruido revela aquello que tu ser quiere ignorar.

Sorprende ese silencio que es autoritario; que te dice que cierres tu boca pero de repente algo se ilumina en tu mente y decides no abdicar del privilegio de hablar.

Sorprende ese silencio que te asusta, porque su deber es abrazarte con ese amor fraternal y envolverte en su magia.

Sorprende ese silencio que es inesperado, solo fruto del azar, pero cuya presencia es requerida para que tus neuronas lean, procesen, transmitan o callen el mensaje en cuestión.

Sorprende ese silencio que enfrenta tu humanidad; porque te das cuenta que dicha humanidad va más allá de tu ser y de allí obtienes una garantía positiva de tu independencia.

 Y así sigues. De sorpresa en sorpresa. De silencio en silencio. De momento en momento.

Muchos de verdad, muchos de mentira. Como decidas verlos. Como decidas sentirlos.

Porque la gloria única del silencio reside en verlo y sentirlo.

Pero actúas como si nada pasara y sigues caminando sin sentir, sin escuchar ese silencio.

Hasta que te encuentras solo. Y te das cuenta que eres tú, tu mejor compañía. 

Cuatro veces diez

Cuarenta es un número abundante. De abundancia habla mi vida.

Leí en Wikipedia que de la voz ‘40’ salen pocos derivados. De la mía salen muchos.

Cuarenta son las horas que dura la exposición del Santísimo Sacramento y 40 son los días que preceden a la Pascua.  40 corresponde a cuatro veces diez y viene del latín quadraginta.

Comúnmente  se usa para nombrar un periodo de cuarenta días. Yo hablo de 40 años.

Con sus días y sus noches. Sus encantos y sus locuras. Sus tristezas y sus alegrías. Pero sobre todo su fidelidad.

Si, fidelidad a la vida misma. A la encarnación del ser que no todo ser concibe, conlleva o sobrevive.

Fidelidad genera constancia, lealtad y por encima de todo, sinceridad. Contigo, conmigo, con el mundo entero; nuevamente, con la vida.

Vida a su vez significa sustancia. Sustancia ésta que durante 40 años ha logrado someterse, ajustarse, moldearse y conocerse para dar la cara todos los días de esta vida. Sin prejuicios.

La gente te pregunta que se siente llegar a los 40. Aparte de felicidad, ¿qué  más se contesta?

Nunca antes había llegado a esta edad.  Nunca había tenido 40 años. Es mi primera vez. Es la única.

Lo celebro eso sí, con gratitud, con solemnidad, con paz en mi alma, en mi mente y sobre todo en mi entorno. El camino es claro.

Celebro incluso aquellos momentos en los que fui incapaz de inscribir los movimientos de mi corazón en un lienzo tan grande como es la faz de la Tierra. Hoy puedo. Tal vez es algo que solo se logra a los 40.

Mi voz sin embargo, es la misma. Con muchas acepciones eso sí. Para cada circunstancia existe una voz. A veces suena diferente pero su origen es el mismo.

De mi voz salen muchos derivados cifrados en una historia irrepetible, que por su valor social logran transmitir un registro único, a veces melancólico y nostálgico de seres cuya permanencia trasciende en el tiempo.

Al tiempo que suceden mis 40, suceden los 76 años de mi mamá. Su actuar puede que sea un poco más definido que el mío, pero estamos a mano. Ella tampoco había tenido 76 años antes. Y así nos presentamos cada año a este juego de la vida en la que cada naturaleza muestra sus cartas y exhibe su propia piel.

No sé a qué edad ocurre, pero como mujer, considerar la adhesión de ti misma, sin escapar de ella sino encontrarte,  es confirmar la magia que en ocasiones manifiestas ver o sentir.

Dicen incluso que esa magia que vemos es el espíritu que hay en las cosas. De Beauvoir sostenía que la mujer está destinada a la magia.  Y toda magia lleva implícita una intención.

A los 40 tienes muchas intenciones. Todas ellas posibles porque has aprendido que la debilidad del ‘sexo débil’ existe, pero la fuerza de tu ser es aún más consistente.

Y tomas aire. Y te das cuenta que ese aire no te brinda sino más equilibrio. Un equilibrio que se traduce en tu forma de amar. Y descubres entonces que el amor es tu fuente de vida; que es aquello que recubre tu figura y narra tu ser.

Y te niegas a permanecer pasiva. Sigues tu andar sin darte cuenta que has vencido un sinfín de obstáculos que jamás imaginaste cruzar. Pero sigues respirando. Y no te pierdes ni un segundo. Disfrutas cada lapso. Igual todos estamos obligados a respirar.

A los 40 no sabes si estas a mitad de camino. No sabes si te falta mucho o si te falta poco. Vives. En tu máxima expresión. 

Eres egoísta, pero también generosa. Y a veces, solo a veces, desearías que el mundo fuera tuyo. Solo a veces porque quizás prefieres que nadie te moleste, que te dejen seguir caminando. 

Eres tú. De eso se trata.

Más que una ilusión

Fue el brillo intenso de su gloria inmarcesible. Fue la sensación del júbilo inmortal.

Por su corta edad, pensaba que nada se comparaba con lo que ha vivido, pero el glorioso encanto de un nuevo paradigma le abrió los ojos.

Quizás suene extravagante pero es así. Solo tiene cinco años. Dice haberlo visto todo.

Sucedió en su lugar de origen. No sabe cómo explicarlo, pero un halo de satisfacción colma su mente y para él, eso es lo importante.

Disfrutó  toda la fiesta: la alegría de su música, la perfección de su ritmo, la angustia ante su adversidad, y sobre todo, ese júbilo inmortal que antes no había vivido.

En la calidez de aquella habitación, bajo el más temible frio de una fuerte temporada invernal, susurraba en silencio su nombre y celebraba a grito herido su triunfo. Y entre alegrías y tristezas, y un vaivén de emociones, pudo volver allí.

Evidenciar la reciente historia escrita por Colombia no tiene precedentes en su vida. Tal vez  no lo tendrá para cualquier colombiano. Ese es el efecto.  Se desconoce el nombre. Solo lo transmite un sentir nacional. Nadie lo ha entendido.  Ningún “líder” en tan amada patria.

Donde él está, las sombras giran en sentido contrario a las manecillas del reloj durante el día, pero puede ver el contorno de una tierra que hasta hace poco mostro sus más lindos colores.

Su corazón vibraba con cada color. El amarillo lo hacía fuerte; el azul toleraba su nostalgia y el rojo lo hacía bailar.

Aunque lo inquieta una constante neblina cargada de melancolía, ésta a veces se vierte en tres océanos que hoy lo rodean.

Aprendió con cada pase, cada falta, cada grito, cada ola, incluso cada lágrima. Lució todas las camisetas habidas y por haber. Soñó y volvió a despertarse. Despierto, todavía lo disfruta. Es su realidad.

“Ya lo vi Mami”, repite. Y dicen que cuando ves, puedes sentir. Sentir por ejemplo, que es un soplo la vida y que un lamento no evapora una exhalación.

Muchas cosas, más un vacío llenan su maleta.  Su destino es claro, pero no lo es su marcha.

El camino ya recorrido le basta. Se detiene, pues cuestiona cómo indescifrables millas náuticas, que marcan la distancia entre masas terrestres, imprimen cada vez más ese sentir en su corazón. Ese mismo que lo llevo allí de la mano de su realidad.

Una realidad alimentada por “la, la, las”, por breves horas de conversación audiovisual, por sendas lecturas explicitas y por los mejores goles que jamás haya visto en su vida.

Si. Ese es el efecto. O quizás la magia.  Fue la Selección Colombia. Fue el brillo intenso de su gloria inmarcesible. Nadie lo imaginó. Todo el mundo lo vio.

En cualquier continente, colombianos, al igual que él, añoran la civilización. Su olor es casi imperceptible. Se vive de una ilusión. Solo de eso.

Lejos de aquel Meridiano 82, en esa mitad del globo terráqueo, al sur de la línea del Ecuador y donde el sol calienta diferente, él pudo entender lo que significa ser colombiano.

Océanos Pacífico, Antártico e Índico no ensombrecen sus sentimientos. Corrientes marítimas que van y vienen, transportan sus recuerdos.

Vientos unidos a la inercia producto de la rotación terrestre, llevan y traen mensajes de aliento. Pero su música, su música invade su ser. Siempre llega a sus oídos. Quiere seguir bailando. Quiere que su júbilo sea inmortal.

Ubícate en tiempo y espacio.
Despójate de todo cuanto eres.
Concéntrate en asir un sueño.
Remodela tu existencia. Para eso estas aquí.
Abrígate solo con una ilusión.
Eso te alcanza. Para toda una vida.
Porque quieres todo de la vida. Sí. Pídelo todo,...

Ubícate en tiempo y espacio.

Despójate de todo cuanto eres.

Concéntrate en asir un sueño.

Remodela tu existencia. Para eso estas aquí.

Abrígate solo con una ilusión.

Eso te alcanza. Para toda una vida.

Porque quieres todo de la vida. Sí. Pídelo todo, sin reparo.

Pide amigos, pero no olvides tu soledad; pide trabajo, pero también descanso; pide esperanza, pero también frustración; pide escribir, pero no por lujuria.

Escribe en cada línea tu desespero matinal y la siguiente línea, reflejará tu recompensa.

Refúgiate en tu interior. Revístete de tu origen. Proyecta tu tradición y distribuye tu esencia.

Libérate del dolor. Protesta contra la dureza de tu destino. Existe también un lugar para ello.

Hogar, más que un lugar, es un sentimiento. Honra siempre su presencia.
#LaVidaenRosa